En esta bitácora personal, un poco de todo aquello que me define. Impresiones, expresiones, descompresiones. CF, fantasía, terror. Música. Vida. Y otras yerbas...
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jueves, 29 de septiembre de 2011

El reto de los treinta libros: día 23 - Uno que te gustaría volver a leer en tu vejez

La consigna de hoy es sorprendente porque uno inmediatamente se pregunta si hay momentos más propicios que otros para leer un libro. O, en este caso, para releerlo. Ahora bien, cuando uno se propone releer, puede ocurrir que lo que antes había sido la mejor lectura de tu vida ahora sea -en el mejor de los casos- un libro trivial. O incluso peor: un bodrio. Es el riesgo de la relectura. Vamos cambiando. Como personas, y por ende, como lectores. Y los libros también cambian. Ganan popularidad, O no. Se hacen obsoletos, o permanecen vigentes. Es la magia de la literatura: está viva. Y, como en todo vínculo entre entes, la conexión azarosa entre lector y autor -a través del libro/puente- sufre avatares.

Todo esto me sirve para decir que no sabría con precisión qué me gustaría leer de viejito. Sí sé que me gustaría llegar a viejito muy lector, lo que equivale a decir sano y lúcido, y lleno aún de ganas por la maravilla, sin haber gastado del todo la capacidad de asombro. Gran desafío.

Mejor aún. Me gustaría llegar muy escritor. Estamos trabajando para eso.

Ya pasado el preámbulo, creo que hay un libro que me gustaría volver a leer de viejo: "Cuerpodivino", de Theodore Sturgeon. Sé de sobra que a todos los admiradores de Sturgeon -entre los cuales me cuento-, esta novela póstuma de Ted les parece detestable, por sensiblera, por soft porno, por la temática... Lo sé. Pero a mí "Godbody" me gustó muchísmo, porque propone una visión del cristianismo más próxima a la original; porque no es pacato, sino que -sin quedarse en la mera pornografía- recobra el aspecto divino del sexo; porque uno de los ejes de la historia es la redención, pero la redención que la persona elige por iniciativa propia, porque descubre qué le conviene, y opta por lo mejor.

Y también me parece más que interesante el modelo de Cristo que propone Sturgeon. Y la técnica narrativa de la novela, en la que se usan con  pericia distintos puntos de vista para relatar los mismos sucesos.

De la historia, no voy a contar nada. Descúbranla ustedes. O quédense con la versión de la mayoría de los críticos. Yo creo que es un libro "cambiavidas".

viernes, 16 de septiembre de 2011

El reto de los treinta libros: día 14 - Un libro que hayas odiado hace años y hoy admiras

Esta consigna se me hace difícil de cumplir a rajatabla, porque casi nunca le doy segundas oportunidades a los libros que no me gustan de entrada (lo que no debe hablar muy bien de mí como lector, supongo. O sí. Vaya uno a saber...)

Pero hay un libro de ciencia ficción en mi haber que casi encaja en la premisa. Se trata de "Un caso de conciencia", de James Blish. Con Blish -escritor norteamericano de la Edad de Oro de la CF anglosajona- me pasó algo extraño. Sólo leí dos cosas de él. Un cuento largo, llamado "Siglo de pleno verano", que es absolutamente sorprendente. Un flash. Y lo segundo, la novela antes mencionada.

"Un caso de conciencia" en su momento me pareció una novela floja, casi mala. Yo venía de leer cosas como "El fin de la infancia", de Clarke y "Crónicas marcianas", de Bradbury. Y lo de Blish me pareció un fiasco.

Les cuento apretadamente de qué va la historia, así entienden mejor el por qué mi inicial rechazo. La humanidad entra en contacto con una raza de reptiles inteligentes, habitantes del planeta Litina. En este marco, el prota -un cura, el padre Ruiz-Sánchez- viaja a tal mundo, ubicado a 50 años luz de la Tierra. Descubre que los reptiles no distinguen entre el bien y el mal, y que creen en la razón pura, lo que hace que Ruiz-Sánchez se autoimponga la misión de evangelizar a la especie. Esto de por sí ya resulta molesto. Pero todo va más allá. El cura arriba a la conclusión de que una sociedad en la cual las reglas -los mandamientos- no son necesarios, porque nadie los quebranta, debe ser forzosamente una creación del diablo. Llegado a este punto, ya me parecía ridículo el intento de Blish.

Uno de los reptiles decide entregar, como muestra de buena voluntad, a uno de sus hijos, un huevo que se está desarrollando, para que sea llevado a la Tierra. (Notan el paralelismo mesiánico, ¿no?.) Cuando crece, el emisario se transforma en un agitador que conmociona a la pacata sociedad terrestre del siglo XXI. Al mismo tiempo, los científicos descubren que la corteza de Litina es rica en minerales radioactivos que podrían estimular grandemente la industria humana.

Luego el cura, cansado de las barbaridades del emisario reptiliano, opta por exorcizar a Litina. O exorcizar al universo de Litina, mejor dicho. El desenlace -que no contaré, claro- me pareció decepcionante. En él se unen, casi casualmente, la oración de Ruiz.Sánchez y la explotación del suelo de Litina.

Ahora bien. Mucho tiempo después, releí la novela de Blish. Y descubrí que el dilema moral y religioso que él se animó a introducir en su historia -nada menos que en 1958- resultaba un planteo muy interesante, sobre todo a la hora de especular sobre la ética de una especie alienígena. Más me agrada ahora, que como escritor, gusto mucho de replantear las ideas religiosas desde el laboratorio de la CF. Y también pude ver que Litina es un mundo de la CF muy acabado, con un trabajo detallista en cuanto a ecología, sociedad, geografía y hasta astronomía.

Yo no diría que odié la novela. Ni tampoco diría que luego, al releerla, la admiré. Ambas posturas son  muy extremistas. Pero sí puedo afirmar que mi vínculo con este libro tuvo una dinámica similar. Como sea, recomiendo esta obra de Blish. Hoy pienso que es una de las mejores novelas de la Edad de Oro de la CF, cuyo nivel literario es tan desparejo.