En esta bitácora personal, un poco de todo aquello que me define. Impresiones, expresiones, descompresiones. CF, fantasía, terror. Música. Vida. Y otras yerbas...
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jueves, 29 de septiembre de 2011

El reto de los treinta libros: día 23 - Uno que te gustaría volver a leer en tu vejez

La consigna de hoy es sorprendente porque uno inmediatamente se pregunta si hay momentos más propicios que otros para leer un libro. O, en este caso, para releerlo. Ahora bien, cuando uno se propone releer, puede ocurrir que lo que antes había sido la mejor lectura de tu vida ahora sea -en el mejor de los casos- un libro trivial. O incluso peor: un bodrio. Es el riesgo de la relectura. Vamos cambiando. Como personas, y por ende, como lectores. Y los libros también cambian. Ganan popularidad, O no. Se hacen obsoletos, o permanecen vigentes. Es la magia de la literatura: está viva. Y, como en todo vínculo entre entes, la conexión azarosa entre lector y autor -a través del libro/puente- sufre avatares.

Todo esto me sirve para decir que no sabría con precisión qué me gustaría leer de viejito. Sí sé que me gustaría llegar a viejito muy lector, lo que equivale a decir sano y lúcido, y lleno aún de ganas por la maravilla, sin haber gastado del todo la capacidad de asombro. Gran desafío.

Mejor aún. Me gustaría llegar muy escritor. Estamos trabajando para eso.

Ya pasado el preámbulo, creo que hay un libro que me gustaría volver a leer de viejo: "Cuerpodivino", de Theodore Sturgeon. Sé de sobra que a todos los admiradores de Sturgeon -entre los cuales me cuento-, esta novela póstuma de Ted les parece detestable, por sensiblera, por soft porno, por la temática... Lo sé. Pero a mí "Godbody" me gustó muchísmo, porque propone una visión del cristianismo más próxima a la original; porque no es pacato, sino que -sin quedarse en la mera pornografía- recobra el aspecto divino del sexo; porque uno de los ejes de la historia es la redención, pero la redención que la persona elige por iniciativa propia, porque descubre qué le conviene, y opta por lo mejor.

Y también me parece más que interesante el modelo de Cristo que propone Sturgeon. Y la técnica narrativa de la novela, en la que se usan con  pericia distintos puntos de vista para relatar los mismos sucesos.

De la historia, no voy a contar nada. Descúbranla ustedes. O quédense con la versión de la mayoría de los críticos. Yo creo que es un libro "cambiavidas".

martes, 8 de septiembre de 2009

El cumpleaños de Axxon y un grato recuerdo


Axxon cumple 20 años y lo festeja con un super especial número 200 que promete ser de re-chupete. Así lo asupician el editorial de Eduardo Carletti, las Ficciones Breves ganadoras de la Convocatoria que en su momento había hecho la revista (primeros premios y finalistas); "La canción de Maguerra", novela de Alejandro Alonso; y las Cartas axxonicas, que en este antólogico número, lógicamente, destilan una honda emoción y conjuran una multitud de recuerdos muy atesorados, de puño y letra de cada uno de los axxonitas que los protagonizaron.

Bastan las lecturas del editorial y de este especial Correo de Lectores para descubrir cuánta historia hay detrás de veinte años, cuántos sueños concretados, cuántas metas aún pendientes, y cuánta fidelidad y amistad, que fueron los cimientos firmes sobre los cuales prosperó el trabajo.

Yo también envié mi humilde misiva. Y allí expreso cuánto significa Axxon para mí, y cómo fue que la descubrí. Menciono que lo maravilloso de ese tiempo se debió a una sumatoria de experiencias iniciáticas, ya que, junto con la revista, también conocí la Fundación Ciudad de Arena donde Eduardo Carletti y Alejandro Alonso dictaban el taller "Construcción de Universos". Allí comencé a aprender cómo escribir, a entrenarme para poder trasladar mis ideas de la cabeza o el alma al papel.

Al mismo tiempo que la actualización de Axxon (y curiosamente), Alejandro Alonso escribió un artículo, "El semillero de la CF argentina", en su columna en Literatura Prospectiva, que versa sobre la labor y los frutos de los talleres literarios, tanto presenciales como virtuales, entrevistando a cuatro escritores argentinos muy, pero muy buenos: Laura Nuñez, Germán Amatto, Ric Giorno y Hernán Dominguez Nimo, de los cuales, los últimos dos son amigos. La nota está ilustrada con algunas fotos. Y entre ellas se halla esta imagen que me trae hermosos recuerdos:

Aquí estamos en el taller "Construcción de Universos", edición 2005. Eduardo está parado en el fondo. En el extremo derecho de la foto se encuentran Hernán Dominguez Nimo y Marcelo Eugenio Shulman. Yo luzco una camisa rosa que ya pasó a mejor vida. (Me perdonarán, pero no recuerdo los nombres de los otros dos talleristas visibles...)

Fueron dos meses en los cuales, semanalmente, nos reuníamos a escuchar los conceptos de Edu y Ale respecto del arte de elaborar universos literarios verosímiles. De esa forma me enteré que el personaje es la fracción consciente del universo que estamos construyendo; que ambas partes, la consciente y la inconsciente, deben oponerse de alguna forma en el transcurso de la trama; que es necesario hacer fichas de los personajes, lo más completas posible (aunque el lector no llegue a leer todos esos datos, de alguna forma percibirá que es un "ser entero"); que el universo literario debe ser consistente y coherente, y que para ello se deben ensamblar con precisión las leyes reales y las inventadas por el escritor; que es imprescindible reescribir, una y otra vez, hasta que sintamos que el relato está acabado... Y un sinfín de consejos más.

De ese taller salió Reunión de consorcio, que ganó una mención en el Premio Andrómeda 2005, un relato que me enorgullece. Me pareció una buena idea mostrar el primer bosquejo del cuento (el texto que sigue debajo), sólo para ilustrar cuán importante es el trabajo del taller, pues verán que la narración original es muy distinta a su versión acabada, la cual es el producto de muchas, pero muchas reescrituras. Si se toman el trabajo de comparar, podrán darse una idea de lo que les digo.

Así que tallereen, que es lo mejor para aprender a escribir. Slds!!!

Reunión de consorcio

Dudé antes de cruzar el umbral de la puerta del ascensor. Me cercioré que no hubiera nadie en el palier. Una vez dentro, me vi reflejada infinitas veces en los espejos encontrados. La luz era lechosa, irradiada desde todas partes a la vez. Me pregunté una vez más que pasaría al oprimir el -1. El subsuelo. Era una posibilidad. Sencillamente había decidido ir al subsuelo porque todos aseguraban que el edificio no tenía subsuelo. Por alguna razón, la botonera del ascensor incluía el botón –1. Y por alguna otra razón, más extraña aún, en el edificio nadie parecía estar enterado de esa incongruencia. Ninguno de los viejos bulliciosos y medio sordos que vivían en los seis pisos nunca me había hecho algún comentario acerca del –1; salvo cuando le había preguntado a Gómez, mi vecino del 6°A, un viejo sesentón, engominado y mujeriego.

-¡No, pimpollo, no hay subsuelo en este edificio! ¡Je, je, je…! Lo que pasa es que pusieron la botonera de otro ascensor cuando colocaron este- Pimpollo. Viejo baboso…

No había subsuelo en el edificio. Bien. Por lo tanto no debía suceder absolutamente nada si pulsaba el –1. Apreté el botón.

El display de números rojos empezó a titilar. 5… 4… 3… Debía detenerse en la planta baja, pensé… 2… 1… Pero los números seguían trepando por el display… 0… y entonces hubo una trepidación muy leve… –1. Por fin. Noté que el corazón se me aceleraba.

Me miré en los espejos. La transpiración me chorreaba por la cara. Hacía mucho calor, un calor asfixiante. Antes de que se abrieran las puertas pasó una eternidad, luego hubo un leve siseo, y...

…Oscuridad y calor. Una amalgama intensa y dulzona de olores: sudor, humo, excrementos y orina. Unas lenguas de luz fluctuante se movieron, mostrándome el techo irregular de una cueva. Entonces escuché las voces. Era un idioma desconocido, hablado a gritos, y el volumen de las voces iba aumentado. Una llama se acercó rápidamente flotando en el aire. Resultó ser una tea que parecía venir cabalgando sobre el brazo de un hombre barbudo, semidesnudo, de quijada prominente, que corría apenas erguido, seguido por dos o tres mujeres sombrías, demasiado peludas, y con grandes senos colgantes, última impresión esta que se acentuaba por la posición encorvada. Todos los gritos iban dirigidos a mí, y aunque ininteligibles, sonaban muy amenazadores.

Apreté el botón de cierre, y antes que las puertas se cerraran por completo, pude ver a la luz trémula de la antorcha unos dibujos primitivos sobre las paredes de la cueva que lindaban con el ascensor. Figuras de cuadrúpedos perseguidas por bípedos armados con lanzas, o algo por el estilo. Los violentos golpes sobre la chapa de la puerta acerada me recordaron que debía salir de allí. Pulsé el 6.

Cuando el ascensor se detuvo, exhalé la respiración contenida. Los espejos me mostraban agitada.

Salí del ascensor y verifiqué que las puertas estaban abolladas. O sea que los golpes habían sido reales, al igual que los puños que las habían golpeado y los poseedores de esos puños; que suponía, tenían que ser los seres cavernícolas que había visto en esa cueva.

Ahora no tenía dudas. Sólo tenía que conocer el impacto.

Al día siguiente nadie hizo ningún comentario acerca las abolladuras en las puertas, lo que hizo que esperara un poco más.

Por eso me sentí aliviada cuando ese mismo día me citaron para participar de una reunión de consorcio. Llegado el momento, obviamente no tuve que relatar lo sucedido, porque todos los ancianos del edificio ya sabían que había bajado al subsuelo.

-Bueno, Miller, ahora usted comparte nuestro secreto más celosamente guardado- me dijo Enriqueta Kacheburskyj, la vieja polaca del 4°C, presidenta del consorcio. Tenía unos ojos de un verde lavado donde podía verse como asomaba la telaraña de unas cataratas incipientes. Debajo del pelo pajizo que en otro tiempo debía haber sido rubio, se extendía una maraña de arrugas mayoritariamente verticales. Supongo que es el resultado de un rostro curtido por la amargura. De brazos cruzados, y con señales visibles de profundo descontento por tener que develar un misterio arcaico, la vieja me miró fijamente por sobre los anteojos gruesos con marco de carey y siguió hablando- Usted pudo comprar el departamento 6°B gracias al señor Gómez, quien logró convencernos para que aceptáramos venderle el tres ambientes que había quedado disponible.

Más le valía que los convenciera después de tanto sacrificio. Desgraciado.

-Usted es la primera persona en muchos años que compra un departamento en este edificio. Tengo entendido que Gómez le informó detalladamente cuales son las reglas de este consorcio. Pero usted no podía quedarse quieta. Tenía que ir al subsuelo.

La polaca miró de reojo al viejo, quien, en contraste con ella, estaba arrugado horizontalmente, la frente como una persiana americana, seguramente de tanto reír, puesto que el viejo no podía decir dos palabras sin barbotar por el costado de la boca manchada su “je, je” irritante. De alguna manera, había un reproche insinuado para Gómez, puesto que yo era su protegida frente a los demás. A pesar de los recaudos que tomaba, todos sabían que era un pervertido. ¡Viejo asqueroso! A medida que iba confirmando mis sospechas, más ganas de liquidarlo me venían.

-Je, je, je… Miller, le dije que no había subsuelo en este edificio…

-Ahora debemos hacerla partícipe de este juego- continuó la vieja mientras se alisaba la pollera marrón y se acomodaba el pulóver escote en “v” color verde, bajo el cual asomaba una camisa abotonada hasta el cuello que había sido blanca, y que ahora amarilleaba por añeja- Dígame ¿por qué fue al subsuelo?

Todos los ancianos clavaron sus ojos cansados en mí. Me sentía como si estuviera rindiendo cuentas frente a mis treinta abuelos malhumorados por una travesura de nieta consentida. Me sonrojé.

-Sólo por curiosidad, señora…

-¿Sería usted tan amable de contarnos lo que vio?

-Pues… realmente no estoy segura de lo que vi…- Fingí que dudaba porque siempre es recomendable obtener más confirmaciones antes de actuar. Y porque quería indagar un poco más.

-Sólo cuéntenos. Sin temor.

-Bueno, tras las puertas del ascensor creo haber visto una cueva prehistórica…- dije, titubeando.

-Entonces el loop ha comenzado nuevamente- le dijo a la polaca un viejo de cuerpo menudo y enjuto, que ocultaba la calvicie bajo una boina grasienta y hablaba con acento inglés. Se llamaba O’Reilly.

Loop… Bingo. Pero quería averiguar un poco más.

Kacheburskyj ignoró al inglés, y me siguió interrogando.

-¿Pero vio alguna persona, MIller?- La voz de la vieja denotaba impaciencia.

-Pues… Sí, si. Al menos parecían personas. Un hombre con una antorcha y unas dos o tres mujeres. En realidad, su apariencia era la de hombres prehistóricos. Supongo que así se habrían visto los neandertales. Eran peludos, estaban casi desnudos, y hablaban (o mejor dicho, gritaban) un idioma gutural.

-¡Mujeres primitivas! ¡Eso si sería algo nuevo! Je, je, je…

-¡Basta, Gómez! Te recuerdo que tú insististe en meter a la joven en el edificio. Y espero que no intentes hacer lo que estás pensando con ese cerebro asqueroso. Miller, ¿no salió usted del ascensor?

-¡No! No tuve el valor…

-Entonces usted no trajo nada de ese sitio, ¿no?

-No.

-Bien- El alivio se pintó en la cara fruncida de la vieja polaca- ¿Podría alguien explicar a la jovencita de que se trata todo esto? Gracias.

Ahora venía lo bueno.

Todos esperaron en silencio, reticentes, hasta que bajo la mirada instigadora de Kacheburskyj, O’Reilly respondió a la pregunta:

-Ese ascensor es una especie de máquina del tiempo. Para ser exactos, se trata de un loop en el continuo espaciotemporal… Un ciclo que se repite infinitamente…

Y me soltaron una explicación aburridísima…

Que el dispositivo sustentaba un campo en el cual se había encapsulado un segmento comprimido del continuo espaciotemporal. Que ese segmento se reproducía una y otra vez, y que podíamos verlo como una película que se pasaba infinitas veces, sólo que ese flujo cronológico alterno discurría más velozmente que el tiempo normal. Que el segmento del continuo espaciotemporal que se repetía en el ascensor estaba comprendido entre algún día perdido en la prehistoria y el hoy. Que el loop se iba acrecentando día a día y cada vez se demoraba un poco más en completar el ciclo…

-Es como si la longitud de la cinta de esta película que se proyecta sin cesar fuera aumentando, entonces cada vez la película es más larga y hay más imágenes para mostrar- dijo en un momento el viejo llamado Cristóbal, del 3°C, mientras mordisqueaba su pipa. Buena analogía la de la película cuya duración aumenta.

Y me siguieron explicando que, sencillamente, había que saber con precisión en que momento apretar el -1, para caer en el “cuando” buscado. Un error de segundos podía costar años enteros. En cuanto al “donde”, se utilizaba también la botonera para ingresar las coordenadas del lugar al que se quiere arribar, pero con códigos más complejos… En fin, me sentía una estúpida al fingir asombro. Recuerdo que el escocés se acomodaba continuamente la boina y Cristóbal mordía ansiosamente su pipa mientras disertaban. Por último habló la vieja polaca.

-Creemos que se trata de un artefacto que ha sido olvidado en el pasado de alguna civilización muy avanzada (que, suponemos, es nuestro presente) por alguna causa que no conocemos. Todo esto lo hemos deducido al leer las instrucciones que hemos hallado en una placa de titanio oculta en un panel del ascensor.

Pregunté:

-¿Qué esperan de mí, al contarme todo esto?

-Su complicidad para seguir manteniendo en secreto el uso que le damos al ascensor. ¿Nunca se ha preguntado Miller porque somos todos ancianos en este edificio? Seguramente que sí. Ahora responderé yo a su interrogante…

Pero no estaba dispuesta a oír más explicaciones. Levanté mi mano derecha y tracé un arco en el aire con la palma abierta… El congelador. Todos los viejos se quedaron duros, petrificados. Sólo desperté a la polaca, pero la dejé inmovilizada. Puse mis anulares sobre sus ojos gastados. Su mirada decía que estaba asustada. Su mente era como un ratón desquiciado corriendo de un extremo a otro en una jaula estrecha. Sé que es duro estar consciente en medio de la cronosuspensión. Pero la vieja era fuerte, iba a aguantar. Y yo necesitaba saber.

Cerré los ojos. Las imágenes empezaron a fluir velozmente por mi cerebro. Demasiado rápido. Presione suavemente sobre las órbitas de la vieja. Me relajé. Entonces el flujo aminoró. Y empecé a escuchar la voz interna de la polaca…

Todos somos supervivientes… mmm… Yo escapé de Auschwitz en 1943… Oh, Dios. O’Reilly del Titanic…. 1912… mm-mmm… Cristóbal Blatter del zeppelín Hindenburg… 1937… Don Osvaldo Lepori de la ESMA…. Gobierno militar año 1977… Oh, Dios, oh Dios. Que me está haciendo… mmm-m… Augusto Bercozzi, ex policía asesinado en un asalto… 1955…. Elena Gregorio, un ómnibus sin frenos… 1962… González, baleado en un cabaret… 1935… Por Dios, que me está haciendo… m-m-mmm-m…

Seguí sondeando, seguí sondeando, hasta que en lo profundo hallé un núcleo luminoso. Me sumergí en él…

Mi nieta, Olga Kacheburskyj… m-mm-m-mmm….

Abrí los ojos. Ahí estaba la nieta, sentada en un sofá. Una de las viejas que había congelado. Sus ojos eran verdes como los de la polaca… Volví a cerrar los míos antes que el flujo se debilitara. Presioné un poco más sobre las cejas de la vieja, y entonces también gusté, palpé y olí. Logré entonces una empatía casi completa. Ahora a través del estrecho vínculo abuela-nieta, yo podía ser la nieta de Kacheburskyj…

Bajo al subsuelo en el ascensor… las puertas se abren… atravieso el esfínter en el espaciotiempo… Oh, Dios… No por favor… Por favor… qj-quej-qjj… me meto en la cámara de gas… Que horror, que horror… Dios ayúdame a encontrarla… la busco entre los cuerpos flacos y desnudos… qq-qejq… todos me aferran y piden ayuda… entre los gritos de horror… ahí está mi abuela… por Dios… parece asfixiada… qj-quej-qjq…

Hubo un destello, y fui expulsada del núcleo. Estaba llevando a la vieja al límite de su resistencia emocional. Pero insistí un poco más. Ahora yo era la Enriqueta Kacheburskyj de 1943…

Me ahogo, por Dios, me ahogo… oscuridad, luz, oscuridad… mm-mmm-m… veo a una joven que se acerca… me carga al hombro sin mucho esfuerzo… y traspasamos un umbral… m-mm-mmm…

Luz… y oscuridad nuevamente… Y ahora yo era la Enriqueta Kacheburskyj del presente…

Qué pesadilla para mi chiquita… Y ahora usted, Miller, tiene el privilegio de conocerme…

Me sobresalté. Extrañamente, la voz interna de la vieja empezó a dirigirse a mí, hablando sin tartamudeos. Era rara la sensación de desdoblamiento. Por un momento pude sentir como la figura borrosa que tenía enfrente de mí me oprimía la cabeza con sus dedos. Eso sólo podía significar una sola cosa: me había sobrepasado. La había matado, y los vestigios de su energía psíquica discurrían ahora sin sufrir las distorsiones de una plataforma orgánica. Ya no había cerebro, ya no había cuerpo, e instintivamente y sólo por un segundo, mi cuerpo tendió a cobijar esa energía. La liberación del alma. Tenía que aprovechar esa última inercia. Apreté con más fuerza sobre sus ojos verdes, ahora sin vida, y me dolieron los párpados, pero la vieja me habló…

Según los registros yo estoy muerta. Pero ya ve, hemos infringido las leyes del destino. Todos nosotros somos infractores. Somos una anomalía. No sólo nosotros, que regresamos de la muerte, sino también los rescatadores. Mire a mi nieta. Tiene treinta años, pero parece una vieja. Es el altísimo precio que pagó por rescatarme. Esos minutos de tiempo comprimido en Auschwitz significaron varias décadas para su cuerpo. En mi caso, tenía veinticinco cuando estaba muriendo en la cámara de gas, han pasado más de catorce años desde mi rescate. Por lo tanto hoy tengo treinta y nueve años. Pero también luzco como una anciana. El traspaso por el esfínter espaciotemporal me avejentó casi instantáneamente, a causa de las severas distorsiones fisiológicas que produce el disloque cronológico. A todos los rescatados nos pasó lo mismo. Aunque no nos podemos quejar. Fuimos devueltos a la vida para vivir una vejez prematura, pero estamos vivos al fin de cuentas. Y en cierto modo, hasta podríamos decir que somos felices…Todos en este consorcio podríamos contarle una historia parecida… Nuestros hijos, sobrinos, y nietos, los habitantes originales de este edificio, hallaron la inscripción en el ascensor, y pusieron en marcha el dispositivo. Ellos nos rescataron, jovencita. Nos rescataron de la muerte… Porque nosotros deberíamos estar muertos, Miller… Yo fui la primera. Y luego mi nieta y yo organizamos los siguientes rescates. Nos rebelamos al destino de muerte…

Y el flujo se agotó, diluyéndose suavemente, y el ente que había sido Enriqueta Kacheburskyj se integró al tejido universal del continuo; como si una paz infinita se abatiera sobre ella y por fin fuera absuelta de su pecado: cambiar los designios de… ¿el destino…? ¿Dios…?

Retiré mis anulares de su cabeza, y el cuerpo se desplomó inerte sobre la alfombra. Todos los viejos seguían congelados, duritos. Había averiguado todo lo que quería saber. Actué rápidamente, ya nada tenía que hacer allí. Salí del departamento en el cual estábamos reunidos. En cada piso coloqué explosivos en las puertas del ascensor. Por último retiré la placa de titanio que, efectivamente, estaba escondida debajo de uno de los paneles.

Tuve que refrenar las lágrimas al pensar en la vieja y su nieta; y en las otras historias, que no conocía, pero que podía entrever. Los viejos que habían muerto, y sus hados que los rescataban antes de morir usando el ascensor. Uso novedoso, por cierto, para un transpositor espaciotemporal.

Aún faltaba una cosa más. Me acerqué a Gómez. Sin descongelarlo, lo desperté. Le bajé los pantalones y le vacié el cargador en la entrepierna, mirándolo a los ojos aterrados con toda la furia de la que fui capaz.

-¡Viejo asqueroso, viejo asqueroso…!

Sintiéndome un poco mejor, bajé por las escaleras y salí a la calle. El día era soleado. Me decidí firmemente a no acatar nunca más órdenes que me rebajaran. Ningún maldito transpositor olvidado por los estúpidos de Logística valía tanto como para que me dejara violar por ese viejo cerdo para poder entrar en el edificio… Pero, claro, debemos evitar a cualquier precio que nuestra tecnología sea usada inadecuadamente por los primitivos… Idiotas.

Supe luego que la explosión se había escuchado a cincuenta cuadras de distancia. No aguante más y lloré.

lunes, 1 de junio de 2009

Estar en movimiento

Sabía que esto iba a pasar.

Hace exactamente 90 días que no hago una nueva entrada en mi blog.

Pero hoy retomo la sagrada tarea del Perito de la Bitácora, y le doy trabajo a mis riborecs. Y lo hago comentando las novedades de mi periplo como escritor de CF.

En primer lugar, el escritor Salvador Arnau me ha invitado a participar de su Frankenstein desencadenado, el blog Bohemia Erase..., una especie de miscelánea titánica donde publica una horda multitudinaria de personas. Confieso que entrar allí me ha dado un pelín de pánico... Pero de todos modos colgué algo en el blog: "Adelantado", el primer poema de la serie que conformará el Poemario de Tünngrel, con el cual vengo amenazando desde hace mucho... Pero no teman, porque lo tengo bastante abandonado, como es mi (mala) costumbre.

Por otro lado, he tenido el gratísimo honor ("gratísimo" suena a algo de índole culinaria, como "gratinado", ¿no? ¡Gratissimo!) de ser entrevistado por M.C. Carper para el portal Forjadores. net. Lindo, lindo. Sólo que hablé mucho. Pero bueno, eso es un defecto que algunos halagan, y una virtud que otros critican. No se puede vivir agradando a todo el mundo. Aquí pueden leer la entrevista.

Ahora bien, algo que me entusiasmó más de la cuenta es que el sitio Literatura Prospectiva (un portal que se las trae: si quieren saber qué pasa -y qué pasará- en la CF y en la literatura del género fantástico en español, no pueden dejar de visitarlo, mínimamente, una vez por semana) me publicaron un artículo: "Signos de madurez: forjando el futuro de la CF hispanoparlante". ¡Me acaban de estrenar como articulista!

Y como para coronar todo esto con una frutillita, el mismo artículo y mi relato "Dreamtheatre" aparecieron en el n° 2 de la revista Próxima, candidata -según mi criterio-, a transformarse en la mejor revista de CF en papel entre las que se publican en Argentina. (¡¡Felicitaciones, Laura!!)



Y en el Encuentro Porticano celebrado el día 31 de mayo, en la confiteria Pertutti, en Pueyrredón y Córdoba, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Teresa Pilar Mira de Echeverría y yo pudimos firmar ejemplares del flamante número. He aquí una imagen de tan magno evento:




De izquierda a derecha y de arriba abajo: Yo (el burro por delante), Teresa Pilar Mira (la Le Guin argentina); su esposo: el vasco a muerte Guillermo Echeverría; Pablo... (¿? Lindo momento para descubrir que no sé su apellido...); Gustavo Campanelli (el jovial GeDeCe); Gustavo Villada (cordobés de pura cepa); Laura Ponce (¿qué puedo decir?) y Matt Shield (el genial creador del alien Federico.)


¡Así que puedo afirmar que sigo en movimiento, lo cual ya es mucho decir! No voy a parar de escribir, me repito cada día. Aunque cueste, y a pesar de que, por momentos, no crea en lo que hago. No voy a parar.

lunes, 2 de marzo de 2009

Poemario de Tünngrel

Bueno, la gente de miNatura (Ricardo Acevedo y compañía) hablaba en serio cuando prometía que el número especial de la revista, dedicado a mostrar los poemas ganadores del I Certamen Internacional de Poesía Fantástica, estaría on-line prontamente.

Pinchando en la portada, podrán acceder a esta edición de miNatura que está de rechupete.



De todos modos, aquí les dejo mi poema pa' que lo disfruten. Hay que decir que esta poesía es de las primeras del Poemario de Tünngrel, la colección de poesía de CF en la que estoy trabajando, sobre la que pueden leer algo más en la anterior entrada de esta etiqueta. Toda la idea surgió gracias a una de las consignas del taller literario virtual Forjadores, impulsada por la escritora Paula Salmoiraghi. ¡Gracias a Paula y a todos los Forjadores que enriquecieron el poema con sus sugerencias!



La sirena y los pájaros muertos

Caímos como granizo sobre olas de mercurio.
Como grandes pájaros muertos.
Burbujas de un paraíso ya corroído, tan espurio,
fueron nuestro único puerto.

Blindajes ciegos nos arrancaron las alas inútiles.
La deshonra vistió los cuerpos.
Metales fieros preservaron nuestras vidas fútiles.
Pero somos pájaros muertos.

Y las lágrimas que lloramos
se diluyeron en el océano.

Nos deslizamos a través de las corrientes ácidas.
Vimos jardines submarinos,
que conjuraron el pesar con sensaciones plácidas.
Huertos feraces y ambarinos.

Y allí descubrimos a la niña de feroz belleza,
con su faz de rasgo taurino,
trenzando con madreperla sus rojas guedejas.
Nos mostró su mundo marino.

Y las penas que ahuyentamos
se anegaron en el océano.

Muchacha de labios carnosos y senos de yodo
que seguimos hasta la playa.
Lloró con angustia al vernos vestidos de plomo,
y desgarró su nacarada malla.

Bajo los soles moribundos y las nubes desfasadas,
su cuerpo de exquisita talla
descolló con la inocencia de la piel nunca besada.
Ella abrió su virginal agalla.

Y los flujos que derramamos
confluyeron en su océano.

La alborada descubrió la huella orgiástica en la arena,
iluminando los cuerpos expuestos.
¡El blindaje amaneció tan lejos de nuestra tez morena
que nos hirieron los rayos funestos!

Y entonces celebró la mujer de facciones de toro
la conservación de sus huertos.
Su pelo cano, sus pechos resecos, rieron sin decoro
de los grandes pájaros muertos.

Y las alas que ofrendamos
revolotearon en el océano.

domingo, 1 de marzo de 2009

"La sirena y los pájaros muertos" y otras novedades que alegran

¡Más novedades respecto de mi incipiente carrera de escritor!

En primer lugar, les comento que se han publicado un par de cuentos cortos de mi autoría en el n° 2 de la revista virtual Papirando, una iniciativa de Pablo Lorenzo, escritor y editor de Río Gallegos, bien al sur de nuestra bella Patagonia. Se trata de un especial sobre Ciencia Ficción.


Uno de estos relatos es "Mandato", el cual ya apareció en Necronomicón n° 17 y en miNatura n°74, un cuentito que me quedó bastante redondo, creo. El otro es "El hombre que contempló el Armagedón", un cuento que aparece editado en castellano por primera vez, puesto que originalmente fue publicado en el año 2006, en el fanzine francés Présences d'Esprits n°46, del cual el escritor Georges Bormand es colaborador.



¡Es toda una experiencia ver el trabajo de uno de escrito en otro idioma! (Aunque no sé nada de francés...) Recuerdo que esa semana de marzo de 2006 fue especialmente abrumadora: no sólo me llegó por correo la revista francesa, sino que también Claudio Landete me envió desde España la antología Historia alternativa, en la cual apareció mi relato "Reunión de Consorcio", ganador de la Segunda Mención de Honor del Premio Andrómeda 2005.



Y, como si fuera poco, Editorial Dunken lanzó su antología Los rostros y las tramas también durante esa semana. En ella se encuentra mi microrrelato "La caverna"


Estas tres ediciones fueron mis primeras publicaciones "en papel".

Pero ahora, ¡la verdadera satisfaccion de este día!: hace unas siete horas que me he enterado de que mi poema "La sirena y los pájaros muertos" ha resultado finalista del I Certamen Internacional de Poesía Fantástica miNatura 2009, concurso lanzado por la publicación homónima, dirigida por el escritor cubano Ricardo Acevedo. Pueden leer el acta del jurado aquí.

Este poema forma parte de una colección que está en construcción y se llama (al menos por ahora) Poemario de Tünngrel. Tünngrel es un mundo cubierto por vastos océanos. Unos melancólicos seres alados -los Irths-, se enfrentan a sus aguas (letales para ellos) y a las criaturas que las habitan a fin de conquistar el planeta y hacerse con un nuevo hogar. El poemario reúne una serie de versos y coplas que recuerdan la epopeya de los Irths.

(Todo muy lindo, pero sólo tengo dos poemas. Por ahora.)

Como sea, ¡¡ESTOY MUY FELIZ por este reconocimiento!!

jueves, 12 de febrero de 2009

Últimas publicaciones

He aquí algunos de mis relatos recientemente publicados:

"En el museo de los sueños verdaderos" sigue apareciendo por ahí... Ahora en papel, en la revista-homenaje a las pulp-fiction magazines, dirigida por Héctor Pessina, Ópera galáctica, en el número 8, del mes de diciembre de 2008.



Y aparece con una ilustración que representa un gran honor para mí: ¡una imagen de El halcón milenario! ¡El sueño del pibe!



También tenemos la publicación en papel de "La trama de la canción crepuscular", el primero de los relatos que he escrito de la serie de Madretierra, universo al cual también pertenecen "Misión diplomática" (publicado en Axxon 192, pueden leerlo pinchando aquí), y "Pico de rating", publicado en Alfa Eridiani n° 9 (el cual pueden bajar desde aquí.) Esta vez se trata del primer número de la novedosa revista Sensación!, que también remite a la época del pulp. Un enorme placer aparecer en las primicias de este proyecto de mi gran amiga Laura Ponce.



En tercer lugar, les presento a "El cerrojo del mundo está en Butteler", relato publicado en NM n° 11, la revista digital de Santiago Oviedo, el cual pueden leer aquí. Este cuento fue publicado originalmente en el blog de la lista de correo Pórtico CF, y fue distinguido como "Cuento más elaborado" en el Primer Concurso Porticano de Cuento y Poesía.



Por último, pueden leer "La voz de Quaremyr" en NGC 3660, la maravillosa publicación digital de Pily B. Este relato es un tanto extraño y está hecho "a cuatro manos" con Laura Ponce. El universo de Luzur, con las colonias enfrentadas de Bahía Buenaventura y Wumstrillia está bien bueno, y ambos jugamos con varias ideas para seguir escribiendo sobre este mundo. Hasta heroina tenemos: se llama Melisandra y... (Si, sé que no puedo decir más, ya me callo, Lau, je.) El problema es que yo soy un flojo que no me pongo a escribir mis partes. Mi colega mete quinta a fondo, es un surtidor de ideas y escribe sin parar, mientras que cuando me toca a mí, ella tiene que esperar a que me organice, o a que me desbloquee, o, simplemente, a que me decida a escupir lo que sigue en la historia sin ponerme a pensar si vale la pena o no. También tenemos por ahí otro relato a medio hacer, (siempre por culpa mía...) el cual acontece en... No, mejor no les adelanto nada.

miércoles, 11 de febrero de 2009

Chamanes

Cada día me convenzo más de la veracidad de una idea que se me ha pegado como rémora: los escritores somos seres egoístas porque deseamos controlar el poder -liberador y tiránico a la vez- de las palabras; anhelamos conocer su mecanismo secreto, desmantelar la ingeniería del símbolo, al punto de querer aprovechar todos los recursos que éste esconde, desde la sonoridad que lo recubre como una cáscara, hasta su terrible y medular capacidad de percutir en las emociones de los otros, los lectores, esos seres desvalidos que sólo pueden dejarse hipnotizar bajo el influjo mágico del sortilegio que nosotros, demiurgos fugados de todos los paraísos posibles, componemos con tan malvada premeditación, como chamanes diabólicos, captando la atención de nuestras víctimas sentadas en torno del fuego, en ese microcosmos dónde las llamas centrales de la creación y nuestro rostro encendido y parlanchín son los únicos luceros en la noche.