En esta bitácora personal, un poco de todo aquello que me define. Impresiones, expresiones, descompresiones. CF, fantasía, terror. Música. Vida. Y otras yerbas...

martes, 27 de septiembre de 2011

El reto de los treinta libros: día 21 - Uno de cuentos (no valen antologías)


Para la consigna del día 21, mucho libros llegaron a la final: "Crónicas marcianas", de Ray Bradbury, "Artificios", de Borges; y "El amor es un número imaginario", de Roger Zelazny. Pero hoy elijo a Alejo Carpentier, y sus tres cuentos largos editados por Alianza Cien en "Guerra del tiempo", un librito que me pareció muy bonito, muy entretenido, y, como si fuera poco todo esto, también me resultó muy profundo. Los tres relatos son: en primer lugar el famoso "Viaje a la semilla"; luego "Semejante a la noche", (el que más me gustó); y por ùltimo "El camino de Santiago". "Guerra del tiempo" se editó originalmente en 1958.

Al cubano Carpentier se lo inscribe en el realismo mágico,  y se lo compara con García Márquez, aunque muchos difieren, habiendo inventado otras etiquetas para definir su estilo barroco y exuberante. Lo cierto es que a mí no me interesa dónde debe ir colocada la obra de Carpentier. A mí me gusta y punto.

Los tres relatos de este libro muestran sendas variaciones del discurrir del tiempo. En "Viaje a la semilla" tenemos la regresión de los sucesos, hasta el vientre materno. En "Semejante a la noche" vemos saltos de tiempo, en los cuales la semejanza une distintos acontecimientos en la vida del protagonista, aunque entre ellos medien cientos de años desde el punto de vista histórico. Así el protagonista, un marinero a punto de zarpar, siempre parece estar varado en el momento previo a la partida. Magistral. Y en "El camino de Santigo" -el cual es el cuento más elaborado del terceto, en el que el escritor cubano hace gala de una enorme cantidad de conocimientos históricos y geográficos-, la variante es la del tiempo cíclico, unido al entrecruzamiento de los sistemas espaciales (Viejo Mundo y Nuevo Mundo), encarnado en el mismo personaje una y otra vez, Juan, que posee cuatro apellidos distintos, según la etapa del ciclo que atraviesa, y del cual es una especie de víctima.

La complejidad de las tramas históricas y de los puntos de vista va en aumento a medida que se avanza de un cuento a otro. Y cabe destacar la lucidez de Carpentier para tejer esos mundos oníricos donde los continentes y la eras, las ciudades y los siglos, se barajan otra vez, apareándose equívocamente. Y su maestría reside en que en la nueva cosmología de cada relato no se notan las costuras; las trancisiones son apenas perceptibles. Casi podría decirse que su manía de establecer otros cursos históricos en geografías familiares pero ajenas a la vez, raya en la ambición de la ucronía. Los cuentos de este libro me recuerdan también el clima ligeramente opresivo del universo paralelo de "La trama celeste", de Bioy Casares.

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